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La Coctelera

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18 Septiembre 2007

BREVE DISERTACIÓN INCOMPLETA SOBRE EL ROCK EN LA CAPITAL DE LA SALSA

EL ROCK CALEÑO: ESCENAS SIN SECUENCIAS
Y MÚLTIPLES DESENCUENTROS

En nuestra Cali actual hay más de cien bandas de rock en todas sus variedades y tendencias, de las cuales sólo un 10% han logrado hacer una grabación profesional y de esas que muestran orgullosas su CD, pocas tienen la suerte de sonar de vez en cuando en la radio. Mientras tanto, otros ritmos musicales han llegado y se han quedado como propios, trasformando la identidad musical de una ciudad aferrada al desvencijado eslogan de la salsa.
Por: Omar Felipe Becerra O.

Casi todos algunas vez en la vida hemos soñado con estar al frente de un escenario, brillar con las luces entre el humo y lanzar nuestra voz al público por medio de miles de watts de sonido que estremecen a una multitud enardecida de fanáticos que corean tu nombre. Todos después de la deserción infantil de ser bomberos, soñábamos que con una guitarra en la mano podíamos conquistar el mundo, allí estaba la música: utopía de viajes, viejas, dinero y fama, ¿quién no quiso ser Elvis Presley, Carlos Santana, Jamiroquai o por lo menos… Oscar Golden? Por eso después de clases en bachillerato la reunión era en casa de algún amigo permisivo que nos prestara su patio, allí con instrumentos que medio sonaban tratábamos de imitar, así se escuchara patético, los temas de Soda Stereo, Pink Floyd y U2, nos creíamos Alice Cooper mientras los vecinos se atrincheraban en los armarios.

El rock: una música que al mismo tiempo significa un estilo de vida, necesita todo un proceso de interiorización y vivencia para ser verdaderamente comprendida, el rock es un sentimiento que se mete en los poros de la piel y nos invade de duendes musicales, un fenómeno que por múltiples factores en nuestra ciudad no se ha vivenciado realmente, sólo vivimos las modas comerciales que nos tiran para donde los mercanchifles de la felicidad lo deseen. Por eso el rock no ha dejado de ser moda de megaconciertos, falsa rebeldía y poses pasajeras.

PROTOGÉNESIS CRIOLLA

A finales de los 50's llegó el Rock'n Roll a Colombia en las voces de Enrique Guzmán y César Costa desde México, ellos fueron los encargados de cantar en español la música de Little Richard y Elvis Presley; pero el verdadero Rock'n Roll llegó en 1964 por cuenta de la Beatlemanía, virus mundial que arrastraba multitudes de fanáticos como si del mismo Papa se tratara. En Colombia aparecen "Los Speakers" y "Los Flippers", tocando en heladerías y auditorios de Bogotá, contagiando localmente la fiebre que hacía delirar al mundo joven. No se hizo esperar la nueva ola de los "Los Danger Twist", "Los Yetis" de Medellín, quienes tocaban éxitos del mítico cuarteto de Liverpool, y ya en un género más romántico " El Club del Clan" donde Oscar Golden y Vicky hicieron de las suyas con su ye, ye, y go, go. A fínales de los 70´s se podía decir que en la tierra de las guabinas, las cumbias y los porros sonaban acordes discontinuos de guitarras eléctricas seguidas por bajos rítmicos y contundentes baterías que hacían brincar a los jóvenes y enrojecer a los mayores. Pero la fuerza del rock llegó en los acordes de los Rolling Stones, Grand funk railroad y James Brown (el padrino del soul), grupos que enardecieron la creciente identidad de hippies que, contagiados por los gringos, calaban el "peace and love" con fuerza en una juventud hábida de transformaciones.
De toda esta primera invasión rítmica surgieron por fin retoños criollos con "Génesis" integrado por Humberto Monroy y Edgar Restrepo; rock con ritmos colombianos como "Malanga" banda conformada en 1972 por Chucho Merchan y Augusto Martelo, logrando poner en la radio guitarras eléctricas con letras sociales y ritmos autóctonos. En 1979 llegó el Punk a nuestro país, marcando así una pauta para el ingreso del metal y el hardcore; todos estos con sus nuevas estéticas de pelos muy cortos, camisas negras de poses anarquistas que escuchaban a banda como Ramones y Sex Pistols.

¿Y en la tierra de la salsa qué?

En Cali corren los maravillosos 70´s cuando en el escenario del teatro Calima se anuncia con bombos y platillos un concierto de rock, en la tarima "Los Gatos", grupo integrado por actores del TEC, que saltan y se contorsionan con mallas negras mientras guitarras hechizas y baterías construidas con los retazos de una banda de guerra sorprenden a los impávidos caleños. Pero es a finales de esa misma década cuando surgen grupos locales como "Arco iris" de Ferdy; "Hidra" de Miguel Fernández; "Eclipse" de Yayo Andrade; "Caos" de Juan Carlos Arango; "Los Demonios" con la fiebre gogo y, Miky Calero, Cesar y Felipe Hurtado con "El Expreso del Oeste". Todo esto rodeado de nadaístas, de grupos socialistas, de nuevos ricos y de inmigrantes que van creando esos espacios que le cambian a nuestra Cali la cara de pueblo, para convertirla en ciudad capital del sur occidente Colombiano.

Mientras Medellín tuvo su Ancon en el 71, en Bogotá se realizaban conciertos en el Parque Nacional, espacios para la naciente nueva generación de melenudos que siempre estaban huyendo de la policía y seguros que con sus posturas estaban atacando a muerte el capitalismo. En Cali sonaban en coliseos, parques y potreros decibeles de sonidos y gritos eufóricos de “¡mira, ve, queremos rock!” entre los grandes conciertos de la época, hay que mencionar el del Pedregal que contó con muchas bandas locales, nacionales e internacionales. Conciertos apoteósicos donde los alucinógenos variaban desde cacao sabanero hasta los ácidos más ácidos, un ambiente de peace and love, las niñas y sus largos cabellos llenos de flores bailaban medio cubiertas con minifaldas, se movían como veían que se movían en USA con la "Beatlemanía". Música mezclada con un poco de picardía latina, los hombres con sus melenas caminaban descalzos en una cofradía de sociedad idílica. Este gran movimiento de apertura logró dejar a muchos en la eternidad de los alucinógenos; otros, arrepentidos se camuflaron en la sociedad de consumo; algunos aún están por allí, con la guitarra al hombro buscando un público que los escuche, buscando esa armonía idílica que se les ha extraviado por culpa de las complejas pruebas que exige la subsistencia.

DE CUANDO EL VENTARRÓN DEL PACÍFICO ESPARCIÓ EL ROCK

En 1984 llegó Todelar estéreo y lanzó en hondas hertzianas lo mejor del rock, pero esta emisora no marchó en solitario pues Farallones estéreo poco después y animados por cautivar una audiencia joven de estratos sociales altos empezó a emitir por FM música rock en español. En 1990 nació Radioactiva como hija de la cadena radial Caracol, la cual ya se extendió por todo el país, en el 93 apareció La Súper Estación de la cadena radial Súper y, para no quedarse atrás, RCN se pegó a la moda del rock con su emisora La Mega. Pero con las emisoras también se vive la triste realidad de nuestro modelo económico: si no vende no sirve, y bajo esa vara se mide todo. Entonces los amigos que ahorraron todos los recreos de un año para comprarse una guitarra, un amplificador Peavy, una batería Tama, que se sacaron callos en las yemas de los dedos ensayando, que lograron grabar un demo y llegaron a una emisora, les tocó medirse al pulpo de la industrial musical mundial, el resultado: perdieron por nocaut. Según Eduardo Arias (columnista bogotano y especialista en música), para que un grupo recupere los gastos de grabación de un trabajo, es necesario vender entre cinco mil y diez mil copias, y si miramos el disco de Sting, nothing but the sun, sólo vendió en Colombia 250 copias, ¿qué se podría esperar en ventas de un grupo local frente a las 300 mil copias que como mínimo vende un éxito vallenato? La industria discográfica no arriesga en el rock local pues el mercado no es el suficiente como para contrarrestar los gastos de la creación de una estrella criolla, aunque en la ciudad hay estudios de grabación aceptables e ingenieros profesionales, donde cualquier grupo podría grabar en condiciones normales un trabajo, quién sabe sin en la comercialización recuperen la inversión de este esfuerzo y, en estos momentos donde la piratería y los nuevos formatos de grabación están en furor, es muy complicado que las casas disqueras apoyen proyectos inciertos en un mercado deprimido, y muchos menos si a los que nos gusta el rock no compramos rock caleño porque aún pensamos que es malo, ¿lo es? Es más ¿alguna vez ha estado el rock en Cali? Bueno, esas son preguntas para todo underground que trata de creer que Cali es mucho más que un poco de niches que tocan para mafiosos.

En los 80´s también nacen en América Latina grupos que componen y cantan en español logrando audiencias masivas y rotación radial, entre ellos Los Abuelos de la Nada, León Gieco, Los Prisioneros, Miguel Mateos, Charly García, Los Toreros Muertos, Los Hombres G y Soda Stereo entre otras, ellos contagian de una fiebre del rock en nuestro idioma, espejismo que le dio la posibilidad de surgir a bandas nacionales como Compañía Ilimitada, Ana y Jaime, Ekhymosis, Kraken, Kronos, Estados Alterados, Poligamia, Toke de Keda, Los Aterciopelados, La Derecha, Bajo Tierra, Pestilencia, Masacre, Ethereal y Atrium. Pero que al mismo tiempo cuando el furor de rock se fue calmando, estos grupos fueron desapareciendo por la misma inercia que los subió. Sin embargo, el Festival Rock Al Parque organizado en Bogotá no dejó que este boom desapareciera totalmente, y desde 1995 presenta al aire libre un mini Woodstock donde bandas rolas y nacionales alternan con lo mejor del rock en español logrando hasta el momento que nuestro rock no muera opacado por el aniquilador pop y por el despiadado chucu chucu.

ROCK CON SABOR A CALICALENTURA

Después de la primera gran ola de los 60`s y 70`s, ya en los 80`s la música con la influencia del rock en español logra tener una figuración, grupos integrados por estudiantes de colegios y universidades de la ciudad se lanzan a la aventura de sonar en Cali y aparecen bandas como, LCD, Aleación, Dakar, D`generación y Antología. De ellos solamente logró salir al mercado nacional: "Kronos" de Jorge Fresquet, teniendo éxito radial solitario, puesto que no grabaron de nuevo y desaparecieron. También vale destacar intentos como "Resaca records" de Javier Arias y Germán Ocampo que trataban de emular el sello de grabación independiente "Culebra" de México ofreciendo ser casa disquera y promotora de los talentos locales, ellos contaron en sus inicios con una banda como Superlitio (su grupo estrella), pero que las dificultades del mercado hicieron naufragar también en el mar de la música tropical y lo varados que se mantienen los que escuchan rock local. Sólo a mediados de los noventas, bajo el nombre de Calirock, desde la Universidad del Valle se pensó la búsqueda de nuestro existencia roquera, pero esto quedó como tantos proyectos, desplomado por su propio peso y tras intentos de videos y grabación de discos, esta buena labor desapareció y muchos de los grupos que la acompañaban también se han ido diluyendo en la historia. Dr. Faustus, Quekabra, Dakar, Antología y Santa Sangre son sólo algunos nombres de los que han logrado permanecer un par de años en el panorama local.
Hoy en nuestra Sucursal del cielo escuchamos nombres como Ad Libidum, El Pulpo, Cielo Rojo, Legend Maker, todos forman un grupo de virtuosos que por moverse en un género musical de pocos seguidores en Cali aún siguen siendo desconocidos en el panorama musical de Colombia. También aparecen Flor del Hito, La Tribu perdida, La Torcida, quienes toman elementos de muchas variaciones rítmicas tanto tradicionales como roqueras, produciendo híbridos interesantes entre los sonidos folclóricos y las posibilidades musicales que dan las guitarras eléctricas. La fabrica y Espiral aparecen prendidos de loops y letras en ingles, tratan de tocar (para los seguidores de lo electrónico) sobre pistas, suenan muy bien con una música que ha sido poco explorada en Cali. Golpe Bajo, Kronos (con Jorge Fresquet una institución en el rock de la ciudad), Superlitio (para muchos los mejores y con más proyección nacional e internacional), todos los grupos intentan mezclar blues, ska, funk, reggae, hard core, metal, heavy y folclor para lograr sonar en los gustos de los caleños, pero parece que nada funciona pues sólo logran algunos seguidores constantes y muchos inconstantes, ¿quién sabe cuántos de estos grupos lograrán pegar en la radio o hacer una gira aunque sea nacional?

Cali es víctima de múltiples exclusiones y prejuicios. Aquí se han dado fenómenos como el de Julio Navas (ex Santa Sangre y hoy estrella de la balada pop) y el de Ana Sol, prospectos de casas disqueras que han logrado figurar en el panorama musical nacional porque responden a fórmulas clichés de hacer música para producir dinero dinero, pero de allí a que nuestras bandas locales figuren musicalmente, es necesario que exista un verdadero movimiento que impulse la producción de ellas. En Bogota hay más de treinta bares donde habitualmente tocan en vivo bandas locales; en resto de Colombia, por ejemplo en Medellín, pasa algo similar, hasta en ciudades pequeñas como Armenia, Manizales o Pereira se siente que hay un espíritu juvenil hacia la música rock, pero en Cali no salimos del letargo de la maravillosa música tropical que acaparó el escenario. Mientras no se apoye a lo local no lograremos existir musicalmente, y esto se inicia en la preparación y calidad musical de las bandas, en la creación de propuestas novedosas, en las emisoras que roten lo local y, por último, en un equipo de promoción y distribución que garantice que los trabajos de bandas locales por lo menos se consigan en Palmira ¡ve!, y claro nosotros que somos los que en últimas debemos apoyar el rock made in Cali pasemos de las inmamables banderitas en la muñeca, para sentir, asistir y apoyar los sonidos de nuestro sueño atravesado por un río.

* Licenciado en Literatura de la Escuela de Estudios Literarios, Universidad del Valle.
literatura@colombia.com
Agradecimientos especiales a Ferdy y a Miky Calero por su colaboración y apoyo para lograr este artículo.

Especial para el periódico la palabra

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